domingo, marzo 25, 2007

Tuve que volverme creyente

Tuve que volverme creyente para tener algún santo al que recurrir en esta nueva vida que llevo.
He comenzado a elaborar plegarias para evocar a un ángel que se haga cargo de mi ente saboteador.

Después de 5 años de continuo análisis tengo ahora que pedirle a dios que le diga a mi misma que me deje en paz, que no se meta, que me deje continuar con el plan.

Parece un poco ridículo haber dado tanta vuelta para concluir que necesito volver a rezar. Desde que abandoné la terapia (abandonaaarrr????- diría el analista) no tengo con quien hablar, habito una soledad inmensa en la que tengo que resolver yo misma, sin la intervención de nadie, lo que me está pasando. Fue tan fácil decir que ya no necesito de un padre que me ordene la vida. Y ahora, la indefensión misma y ninguna contraparte que contenga el delirio.

Cada vez que tomo la bicicleta y salgo a la calle, cierro los ojos, aprieto los dientes y le echo pa 'elante, rogando que los autos no me arrollen. Pienso que puedo morir en cualquier momento, así como quedar en blanco cada mañana que voy al aire.

Da lo mismo tanta teoría elaborada porque igual ahora tengo que pedirle a dios que me deje vivir lo que durante años fantaseé en el diván.

domingo, febrero 11, 2007

Para Deeply

Vivir y no sentir la vergüenza de ser feliz.
(Vinícius de Moraes)

viernes, febrero 02, 2007

Él, Ella y Yo (y la sonrisa de Antonia)

Pudo ser peor, pero aún sonreírnos ante la sorna con que nos trata la vida. Ante la sorna con que tratamos nuestras vidas.

Ella me mira, seria, herida, no puede controlar el semblante. Yo le sonrío con solidaridad femenina y pienso:- "No es nada personal, querida. En otra circunstancia hasta hubiésemos sido amigas".

Luego ella sonríe y se escuda en los arrumacos de su hija Catalina.

Ese que es el padre tiene sonrisa de cobarde. El gesto de sus cejas da explicaciones por el "error" cometido, por el engaño, por el abandono del que es autor.

Yo sonrío impecable e implacable. Porque no debo nada y me deben todo.

Antonia es la única que sonríe genuinamente. Tiene derecho y lo disfruta. Ha esperado demasiados años para ese momento y no hay nada que pueda interferir con su deseo.

Nada, ni nuestras tensas muecas, ni nuestra torpe conversación para salir del paso.

Estamos ahí parados frente al Sr. del Consulado. - "Yo soy el padre y ella es la madre de la niña"- le dice Él al funcionario. "Somos los padres"- repite, y yo respiro profundo porque cada cosa ha vuelto a su lugar.

jueves, enero 18, 2007

Gracias por el regalo

Mis amantes debieran saber que es muy fácil hacerme feliz con un gesto como el tuyo.
Como abrir el mail y encontrarme con este regalo.
Gracias Alberto.

jueves, diciembre 07, 2006

Soberbia


Nunca le pido nada a Dios, entre otras cosas, porque no me concede lo que le pido. Mas bien, yo no le concedo a él la posibilidad de hacer mis deseos realidad así gratuitamente, sin mérito alguno.
La verdad, no creo en dios, no le miro, ni le pienso desde mis tiempos de adolescencia.
Y tal vez sea esta cuota de soberbia la que me tiene exausta por estos días. Habiendo jugado tanta energía, estrategia y argumento, convencida de que las cosas cambiarían, como si de mérito se tratara, como si fuera -en palabras de mi amiga Mel- que la vida da cuando uno pide.

Pero aún estoy aquí en los mismos lugares, con los mismos sentimientos y pensando, ahora sí, en que lo que hago no basta, anhelando una ayudita externa de la suerte o algún santo. Estoy errando a pesar de mi esmero. Así que dios, si no vas colaborar, al menos mantente al lado del camino. Si cambias de parecer, entonces, dame un milagro para empezar otra vez.

viernes, noviembre 24, 2006

Tu tristeza, la mía


El otro día estuve cara a cara frente a tu tristeza. No pensé jamás que fuera capaz de recibirla, entre otras cosas, porque la tristeza es en sí un acto solitario.Uno puede "ayudar a sentir", como en los antiguos velorios a la viuda, o decirle a un amigo que ya pasará. Pero sólo logrará salir del paso, romper la incomodidad frente al dolor ajeno. Quienes han estado en ese transe saben que nada de lo que hay afuera calmará la pena, o la pérdida.

Pero el otro día yo estuve dentro de tu tristeza, la sentí en mis dedos, en mis huesos... y la quise.
Yo dije que uno vive la mitad de la vida echando a perder y la otra mitad reparando.
Tu terminaste "optimista reflexión" diciendo que como si fuera poco, un buen día uno se muere.
Claramente no se trataba de consuelo. Estábamos tu y yo frente a nuestra tristeza y no había necesidad de palabras alentadoras.

miércoles, noviembre 01, 2006

Odio I

Fui criada en la más rigurosa moral y por eso en mi vida nunca hubo permiso para odiar. Estaba prohibido -recuerdo- reírse del amigo que se caía o burlarse de la desgracia ajena. Era un mandato de rectitud, que al no ser cumplido traía la sanción más terrible: la reprobación en la mirada materna.
Fue bueno porque nos hizo personas bondadosas, solidarias, sin embargo, también nos alejó de la diversión liviana, del juego simple y cruel, amoral de la infancia. Todo se cargó con un peso y una densidad, a ratos insoportable para poder vivir la vida loca y superflua de todos los mortales. Nosotros éramos "niños morales", "niños justos", de esos que defendían al débil del curso y que se enfrentaban al vecino abusador. Por eso mismo, éramos "niños ofendidos", "niños graves", "niños que se tomaban la vida en serio".

Asumí tan épicamente el mandato que no me atreví a sentir rabia frente a quienes me hicieron daño.

Los años trajeron nuevas licencias y de adolescente me arrogué el derecho a despreciar. Pero mi desprecio y mi odio, hay que decir, nunca fue nada más que una niñería, una pose...hasta ahora que te he encontrado, así, sin más.