sábado, abril 14, 2007

Memoria


La memoria me trae problemas frecuentemente.
En una dimensión, tengo que lidiar con todos aquellos registros grabados a hierro caliente, muchos de ellos que a menudo me hacen trastabillar. Ahí, la memoria me friega, es imposible desconocerla y hay que buscar estrategias para vivir con las marcas, aceptarlas, exhibir las cicatrices y agarrarles cariño, como compañeras de camino que nunca dejarán de estar.

En otro plano, en cambio, la memoria ha desaparecido. Toda la información que he recibido a lo largo de mi vida se ha sumergido en un mar desordenado de vaguedades. Jamás puedo recurrir de manera rápida a un contenido que quiero citar. No sirven de nada los libros leídos, las películas vistas, los conocimientos adquiridos, a menos de que sean muy, pero muy significativos.

Mi memoria es una maldita idiota que sólo guarda lo que me hace sentido, y parece ser muy poco.

Carezco de catálogos mentales, de cajoncitos ordenados para guardar la información. Debe ser un castigo a la pedantería, o una manera de estar afuera de la tertulia, al margen de la conversación...

No sé.... pero no se fíen de mí porque de un segundo a otro puedo perder el hilo del tema que estamos hablando y quedar atrapada en un gesto que nada tiene que ver con el contexto.

No se fíen de mí porque puedo olvidarlos, y entonces ustedes sí recordarán que yo sólo guardo lo que me es significativo.

domingo, abril 08, 2007

domingo, marzo 25, 2007

Tuve que volverme creyente

Tuve que volverme creyente para tener algún santo al que recurrir en esta nueva vida que llevo.
He comenzado a elaborar plegarias para evocar a un ángel que se haga cargo de mi ente saboteador.

Después de 5 años de continuo análisis tengo ahora que pedirle a dios que le diga a mi misma que me deje en paz, que no se meta, que me deje continuar con el plan.

Parece un poco ridículo haber dado tanta vuelta para concluir que necesito volver a rezar. Desde que abandoné la terapia (abandonaaarrr????- diría el analista) no tengo con quien hablar, habito una soledad inmensa en la que tengo que resolver yo misma, sin la intervención de nadie, lo que me está pasando. Fue tan fácil decir que ya no necesito de un padre que me ordene la vida. Y ahora, la indefensión misma y ninguna contraparte que contenga el delirio.

Cada vez que tomo la bicicleta y salgo a la calle, cierro los ojos, aprieto los dientes y le echo pa 'elante, rogando que los autos no me arrollen. Pienso que puedo morir en cualquier momento, así como quedar en blanco cada mañana que voy al aire.

Da lo mismo tanta teoría elaborada porque igual ahora tengo que pedirle a dios que me deje vivir lo que durante años fantaseé en el diván.

domingo, febrero 11, 2007

Para Deeply

Vivir y no sentir la vergüenza de ser feliz.
(Vinícius de Moraes)

viernes, febrero 02, 2007

Él, Ella y Yo (y la sonrisa de Antonia)

Pudo ser peor, pero aún sonreírnos ante la sorna con que nos trata la vida. Ante la sorna con que tratamos nuestras vidas.

Ella me mira, seria, herida, no puede controlar el semblante. Yo le sonrío con solidaridad femenina y pienso:- "No es nada personal, querida. En otra circunstancia hasta hubiésemos sido amigas".

Luego ella sonríe y se escuda en los arrumacos de su hija Catalina.

Ese que es el padre tiene sonrisa de cobarde. El gesto de sus cejas da explicaciones por el "error" cometido, por el engaño, por el abandono del que es autor.

Yo sonrío impecable e implacable. Porque no debo nada y me deben todo.

Antonia es la única que sonríe genuinamente. Tiene derecho y lo disfruta. Ha esperado demasiados años para ese momento y no hay nada que pueda interferir con su deseo.

Nada, ni nuestras tensas muecas, ni nuestra torpe conversación para salir del paso.

Estamos ahí parados frente al Sr. del Consulado. - "Yo soy el padre y ella es la madre de la niña"- le dice Él al funcionario. "Somos los padres"- repite, y yo respiro profundo porque cada cosa ha vuelto a su lugar.

jueves, enero 18, 2007

Gracias por el regalo

Mis amantes debieran saber que es muy fácil hacerme feliz con un gesto como el tuyo.
Como abrir el mail y encontrarme con este regalo.
Gracias Alberto.

jueves, diciembre 07, 2006

Soberbia


Nunca le pido nada a Dios, entre otras cosas, porque no me concede lo que le pido. Mas bien, yo no le concedo a él la posibilidad de hacer mis deseos realidad así gratuitamente, sin mérito alguno.
La verdad, no creo en dios, no le miro, ni le pienso desde mis tiempos de adolescencia.
Y tal vez sea esta cuota de soberbia la que me tiene exausta por estos días. Habiendo jugado tanta energía, estrategia y argumento, convencida de que las cosas cambiarían, como si de mérito se tratara, como si fuera -en palabras de mi amiga Mel- que la vida da cuando uno pide.

Pero aún estoy aquí en los mismos lugares, con los mismos sentimientos y pensando, ahora sí, en que lo que hago no basta, anhelando una ayudita externa de la suerte o algún santo. Estoy errando a pesar de mi esmero. Así que dios, si no vas colaborar, al menos mantente al lado del camino. Si cambias de parecer, entonces, dame un milagro para empezar otra vez.